Jupiteriana

Últimamente se me presenta con mucha frecuencia la palabra "confianza". Cuando las cosas no se dan de la forma que consideramos satisfactoria, pienso que es imperante confiar. Y me parece que esa confianza, en mí, viene en forma de silencio, de espera, de aceptación. Confiar no implica que las escenas que vivimos dejan de doler, pero permite una mirada más integral sobre todo lo que nos hace ser quienes somos.
En algún momento, leía todo eso como "pasividad", con todo el significado peyorativo que trae implícito la palabra. Sin embargo, después de 36 vueltas al sol, siento que no reaccionar de inmediato, que armar un plan, que no pelearme con lo que sucede es bastante sabio. Dejar de comerme el cuento del conflicto es liberador. Porque discutir desde lo mental para liberar toda la tensión genera aún más angustia e impotencia.
Para escucharnos de verdad (en nuestro interior y a los otros y otras de nuestro mundo) es necesario detenernos, hacer espacio. Los tiempos que manejamos como sociedad son muy vertiginosos para el ser profundo que nos conecta con algo que nos trasciende y es al mismo tiempo parte de nosotros. Y ese algo inmanente tiene la potencialidad de permitirnos sentir paz vivamos lo que vivamos.
El Colgado nos dice algo de esto. Soportar la incomodidad de la pausa, cambiando el punto de vista, antes de retomar la acción que, con lo aprendido, estará más cerca de nuestra esencia.


 






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