El pulso
En mi historia personal, no se me ocurre ningún momento en el que la vida me haya resultado "cómoda". Estoy hablando de percepciones sutiles, ya que siempre tuve mis necesidades satisfechas y un hogar contenedor y protector. Hoy puedo reconocer una sensación de que esté donde esté, haga lo que haga, hay algo que me pesa. Aún así, siento felicidad, expansión, entusiasmo, amor, disfrute. De hecho me identifico como alguien alegre, optimista. El esfuerzo siempre fue entender este yugo, racionalizarlo, buscar en mi infancia. Le he ido poniendo nombres, caras, eventos. Pero nunca se va. Hace relativamente poco logré verlo como una demanda. Una demanda hacia la vida, por lo tanto hacia mí misma, de que las cosas tienen que ser de cierta forma, una vara interna imaginaria que hace que siempre sienta una falta. Sin embargo, ese peso es el que definitivamente me llevó a buscar (a veces incansablemente...), a abrirme a otros lenguajes, como la astrología, a permitirme dejar una carrera...