El pulso

En mi historia personal, no se me ocurre ningún momento en el que la vida me haya resultado "cómoda". Estoy hablando de percepciones sutiles, ya que siempre tuve mis necesidades satisfechas y un hogar contenedor y protector.

Hoy puedo reconocer una sensación de que esté donde esté, haga lo que haga, hay algo que me pesa. Aún así, siento felicidad, expansión, entusiasmo, amor, disfrute. De hecho me identifico como alguien alegre, optimista.

El esfuerzo siempre fue entender este yugo, racionalizarlo, buscar en mi infancia. Le he ido poniendo nombres, caras, eventos. Pero nunca se va. Hace relativamente poco logré verlo como una demanda. Una demanda hacia la vida, por lo tanto hacia mí misma, de que las cosas tienen que ser de cierta forma, una vara interna imaginaria que hace que siempre sienta una falta.

Sin embargo, ese peso es el que definitivamente me llevó a buscar (a veces incansablemente...), a abrirme a otros lenguajes, como la astrología, a permitirme dejar una carrera y empezar otra, a estar en movimiento, a abrirme a nuevos paradigmas.

Este juego del que hablo, un tema al que llegué sin proponérmelo, es la dinámica entre Saturno y Júpiter, la restricción y la expansión. ¿Para qué nos sirve un límite? ¿Cómo podemos apoyarnos en una estructura para ir más allá?

Tengo Saturno en Casa I y Ascendente en Sagitario. Para los que no saben de astrología, lo que está en la Casa I, la casa del Ascendente, es una energía que nos define profundamente pero que al mismo tiempo nos cuesta encarnar. Y a la consciencia le cuesta muchísimo vivir en simultáneo el movimiento de contracción que propone Saturno con el de distensión que trae Júpiter (regente de Sagitario), pero energéticamente es perfecto. Para que algo crezca y se desarrolle, es necesario contenerlo, como un embrión en el útero. En la expansión, siempre voy a encontrar un límite, es la ley. 

En esta ilustración de El Carro del mazo Motherpeace, veo a una mujer que se desplaza hacia una dirección, con confianza y fuerza. La protege el cielo, con el símbolo de Cáncer, cuya otra cara es Capricornio. Cáncer y Capricornio hablan de la exclusión: hay algo que queda afuera para que lo que está adentro pueda crecer. No todo es posible, justamente por eso existe la búsqueda.




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